miércoles, 10 de diciembre de 2008

Era tan rico que se creía inteligente

Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Dicho popular que demuestra la idiosincrasia de la especie humana, afanada en los cambios y el progreso, y que sin embargo, es capaz de dejar las cosas de verdadero valor por el camino. Tan solo los narcisistas que invierten todo su tiempo en mirarse su propio ombligo son incapaces de darse cuenta de que han perdido, ese camino que te lleva a esa utópica meta que es la consecución de un sueño, eso por lo que luchamos día a día, y que al conseguirlo, nos deja esa extraña sensación de frialdad y de vacío
Bernd es uno de esos hombres; obstinado en entrar en perpetuo conflicto con el mundo y sus entresijos, ha desperdiciado la oportunidad por la que todo el mundo se hubiera tirado una vida entera. Y no hablo sólo de ser el entrenador del Real Madrid como institución en particular; me refiero a la élite en la que tan sólo los elegidos son capaces de llegar pero que tan sólo unos pocos son capaces de digerir y aceptar. Bernardo es un buen entrenador; lo demuestra el buen fútbol que hizo con equipos menores como el Xerex o el Getafe, pero la cima del iceberg parece que le ha impedido ver el valle y le ha hecho perder el rumbo. El tren sólo pasa una vez en la vida, y es de necios o de egocéntricos dejarlo pasar. Porque eso es lo que ha hecho el bueno de Bernardo. De carácter teutón y humor germano-andaluz, se ha embaucado en desprestigiar a todo lo que le rodeaba. Cierto que fallaron los fichajes, cierto también que la plantilla es corta, no es menos verdadero que las lesiones han mermado someramente a un equipo con amplias lagunas, pero Bernardo no ha luchado, y ya se sabe que aquel que no quiere ganar ya ha perdido. Bernardo necesita cariño para no sacar a pasear peinetas e insultos; Bernardo es un niño en un cuerpo de hombre, un adulto que se ampara en su pícaro bigote hirsuto para despotricar de la mano que le da de comer. Los genios son así, grandes e incomprendidos, autistas y autoritarios
El bueno de Bernd es un buen entrenador, pero no podemos dejar que la humareda nos deje tener visión amplia. Schuster ganó una Liga de manera brillante pero engañosa. Con un equipo que había recuperado la inercia ganadora, se supo aprovechar del declive blaugrana para poner tierra de por medio desde el principio, con un juego sin excelencia pero cubierto por una solidez defensiva. Sin alardes ni rondos, pero con el instinto asesino de Van Gol; sin tikitaka prometido, pero con un grupo de valientes espartanos que se empeñaros en hacer del pasado campeonato un paseo. No hizo falta el buen juego que se esperaba; cierto es que a lo largo del curso futbolístico, su equipo brindó alguna tarde de gloria, sobre todo con los rivales directos: no se puede olvidar la goleada en el Madrigal, la aplastante pegada de Mestalla, el sobrio partido del Camp Nou, el clásico del pasillo y algún otro partido que se puede contar con los dedos de las manos, y que sirvieron para darle empaque a una victoria sin rival.
Pero este éxito parcial no puede cubrir las muchas carencias que su equipo atesoraba. Se alardeaba de tener a la mejor defensa del mundo, pero cierto es que sin los milagros del santo Casillas, las múltiples jugadas de peligro que recibían hubieran tenido otro desenlace. El juego de ataque recaía en el prestigio de un ancestral goleador, de nombre Van y apellido Nistelroy, un profesional que dejó sus dudas borrándose del equipo cuando cayó eliminado de la Champion para operarse y afrontar con garantías la Eurocopa. En los 591 días que ha durado el reinado Schuster, su equipo tan sólo ha sido capaz de imponerse en dos eliminatorias a doble partido. La primera de ellas, ante un 2ªB, el Alicante, en una eliminatoria que necesitó del amparo del Bernabéu y de la prórroga, y la Supercopa de este año contra el Valencia, apelando a la heróica y con dos hombres menos y sin juego, pero con casta, para solventar una papeleta. Por el camino, ha sido incapaz de imponerse a eliminatorias fáciles y a priori superables, como la primera SuperCopa contra el Sevilla con baño incluido, el Mallorca en Copa del Rey, la Roma que dio una exhibición táctica ante el renqueante esquema táctico del alemán, y la más sonrojante y que ha propiciado la cascada de sucesos, ante el Real Unión, que sacó a la luz las miserias de un equipo que es un cementerio de elefantes, donde la veteranía se niega a abandonar y ceder su protagonismo, y los egos personales prevalecen sobre los escasos nuevos talentos que se cortan de raíz. Esa cruz a doble partido ha sido un cáncer para Bernd; un equipo que tiene la Copa de Europa como alma máter, no puede ver como sus esperanzas se chocan continuamente contra el mismo paredón, ante la impasibilidad y el despotismo ilustrado que creía tener el hombre de hielo.
Pero ese no ha sido su pecado capital y que le ha hecho purgarse en su propio infierno. Por la boca muere el pez, y Schuster llevaba tiempo intentando conseguir lo que ha alcanzado. Es curioso que no le hayan atendido las muchas peticiones de fichajes que ha hecho, pero al fin la directiva ha escuchado una de sus plegarias y le ha puerto las maletas en la calle previo pago de siete millones de euros, cifra irrisoria sobre todo en tiempos de crisis, que hablan de la locura colectiva que es este glorificado mundo del fútbol. Schuster no cumplió con lo prometido: no se vio la excelencia, dejó devaluada la imagen del club con sus contestaciones ante la prensa, ante rivales, ante compañeros rivales de los banquillos, y sobre todo, ante ese Club que es el amparo de un sin fin de seguidores que lo tienen como pañuelo de lágrimas, que esperan la llegada del domingo para acudir a Chamartín, para agolparse ante el televisor, para comerse las uñas y abrazarse con el arte supremo del gol, ante esa multitud callada a la que has fallado y pisado, y ese ha sido el comienzo del final, el final del comienzo. Una oportunidad perdida, pero no dolosa, ya que la indemnización le servirá para algo más que tapar huecos
Cada victoria incluye en sí un nuevo combate, pero tú, Bernardo, hace mucho que dejaste de luchar. Larga vida al Rey, descanse en paz, Bernardo

3 comentarios:

raulito dijo...

Ante este alarde de poesía y prosa mezcladas con una gracias sin igual, sólo me queda quitarme el sombrero ante ti, Juan, porque tus palabras me han conmovido (será por eso que dicen popularmente que la "verdad duele"). Ni el mismísimo Cervantes hubiera expresado con mejor claridad el sentir general madridista. Hala Madrid!!!!

Anónimo dijo...

uffffffff.ohhhhhhhhh.ahhhhhhhh.no ay palabras

maria dijo...

Yo tambien sabía que Chuster no se comia el turrón!!!